A.R.C.A.M.I.

Yo nací hace mucho tiempo en un pequeño pueblo del cual sólo recuerdo sus personas y mis amigos. En ese pueblo, sucedían cosas tales como la aparición de misterios sin resolver, monstruos que matar y demás “actividades” con las que yo y mis compañeros nos divertíamos.

Un día, el científico de la villa nos dijo que alguien debía ir al futuro con una máquina que había inventado para “salvar la humanidad”. El problema era que esa máquina no era capaz de transportar materia orgánica carnosa.

Sin embargo, mis compañeros y yo decidimos dar nuestro “cuerpo” y con ello nuestra “vida” a cambio de completar esa hazaña. Con nuestra alma puesta en unos cuerpos robóticos, fuimos a un futuro no muy lejano. Allí nos encontramos con seres horribles: monstruos y magos. Yo soy el único superviviente de aquella expedición.

Unas pintas tal que así

Nuestra misión era ayudar a los humanos a controlar a los monstruos, que se habían rebelado contra ellos de forma masiva. Finalmente los humanos ganaron y consiguieron expulsar a los monstruos a otra dimensión, pero yo no estaba seguro de que los buenos hubieran ganado. Siendo de las personas que vio cómo sellaban a los monstruos en otra dimensión, tuve la oportunidad de conocerlos (ya que no soy tan mala persona). Finalmente descubrí que, tal y como yo sospechaba, los humanos simplemente fueron avariciosos con su territorio y, llenos (o vacíos) de determinación, se obcecaron en expulsar a los monstruos.

Yo, lleno de rabia, volví a mi presente. La gente se entristeció porque volví solo, cosa que significaba que los demás habían caído. Sin embargo, yo empecé a descubrir la arrogancia de las personas, lo muy rudas y egoístas que son.

Finalmente, con una ira incontrolable, intenté devolver mi alma a mi cuerpo, cosa que el doctor J me advirtió que no hiciera. Me llevé la máquina y mi cuerpo bosque adentro para que nadie pudiera verme.

Mi alma llegó al fin a mi cuerpo. Y luego, nada.

Pasaron días.

Pasaron meses.

Que pasó mucho tiempo, vamos.

Parecía el de la izquierda pero después del botellón
A mí me pasaó como si nada. Ya sabréis lo que quiero decir cuando os quiten el alma, o muráis, o algo así.

Finalmente, tras casi 11 meses de nada, desperté. Mi cuerpo estaba extremadamente débil y sabía que en este mundo sólo tenía unos pocos minutos para actuar antes de que finalmente desapareciera.
Actué rápido, pero no sin pensarlo, ya que algo de mí me decía lo que tenía que hacer. Quizás la parte de mí que se pasó 11 meses despierta.


Caminé hacia la máquina e intenté ir al futuro. El viejo cacharro, empezó a traquetear. Yo no estaba seguro de nada, mi mente no estaba tan activa como para pensar en nada. Tras más de 4 o 5 horas contadas a pelo por mí, llegué.

Llegué al lugar donde todo empezó y acabó: la barrera que separaba el corrupto mundo de los humanos y el bajo mundo de los rezagados monstruos. La particularidad de esta barrera es que cualquiera podía ir al reino de los monstruos, pero nadie sabía cómo salir, aunque se sabía que se podía.

Me levanté con más fuerza y poder del que creía. Miré a un lado y a otro a ver qué me rodeaba. Efectivamente, nada. Miré mi mano. Noté dos cosas extrañas: la primera el color. Mi mano se había vuelto blanca. La segunda, que “vibraba”. Temblaba. Miré al frente y, de repente, puf. Ahí estaba. Me ¿teleporté? Aún no entendía lo que pasaba. Volví a echarme un ojo y entonces entendí porque tenía la mano blanca, y es que era puro hueso.

Alguna vez habéis oído la expresión “ser piel y hueso”? Pues bien, yo era el hueso. Quedaban vestigios de carne y también podía de alguna manera notar… ¿pulso? Pero era hueso. Efectivamente tenía corazón, pero éste no era un corazón tal cual, sino que al mismo tiempo era mi alma.

A ver, me estoy perdiendo un poco. Recapitulemos: estoy delante del reino de los monstruos y resulta que me he convertido en un esqueleto con corazón, alma, sangre y poderes de tele transportación (obviamente la sangre va por dentro de los huesos…). Realmente eso me puso infinitamente más fácil el hecho de entrar al reino de los monstruos. Lo único que conservaba de mis amigos y mi antiguo yo era una foto y la máquina. Pero además, dado que podía “teleportarme” y, con ello, ver las líneas espacio-temporales (cosas mías), podía volver en cualquier momento del mundo de los monstruos al mundo humano.

Dado mi nada despreciable y especial poder, decidí hacer vida con los monstruos, donde ahora tengo casa y incluso hermano, pero a veces me escapo al reino de los humanos a ver cómo les va en su mundo de muerte y corrupción. Allí es donde conocí al señor Cuervo y, más adelante, a Loquen. Desde entonces se puede decir que “veraneo” allí.

Dan ganas de quedarse una temporadita, ¿no?

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